Category: tiempo


Los Mayas eran un culto sangriento de magia negra que practicaban sacrificios humanos, como los Romanos que sacrificaban 100.000 personas al año en el Coliseo.

Los Mayas eran un pueblo muy cruel que obtenía poder y placer de la tortura… sus reyes se apoyaban en la mano de obra esclava de los miles y miles de pueblos indígenas que capturaron. La mayoría nunca ha oído hablar de este aspecto de los Mayas.

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Este post nace de un cruce de disertaciones por e-mail entre Planeta (P) y Aloha (A) al respecto de ¿quiénes somos? ¿quién es dios? ¿qué es dios? ¿qué papel juegan los demás en nuestras vidas?

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Respondiendo a esa pregunta en el foro de debate en fb de “Centro Ayana para el Desarrollo del Potencial Humano” reflexiono:

Si nuestro cuerpo es el núcleo visible de nuestra “alma” con lo cual dicho cuerpo sólo es una parte y tampoco significa que lo que denominamos “alma” sea el “todo” sino quizás el núcleo no visible de nuestro cuerpo, por otra parte, el plantearme que probablemente soy una proyección en 4D de mi yo real que puede existir en 11D ó 23D… el preguntarme quién soy es todavía más desconcertante.

Aún cuando sabemos que nuestro cuerpo va más allá de lo etérico y que la mente no está “ubicada” aparentemente en ningún sitio físico, nos enfocamos y empeñamos en “soluciones” para este plano físico sin contemplar el “todo” de nuestro ser.
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En mis libros hablo extensamente sobre los Fringe Dwellers [1], personas que no se  ajustan a la norma. No son revolucionarios hippies embrutecidos, ni bichos raros. Aquellos de los que hablo son gente normal y corriente, personas que no podrías diferenciar de las demás. Son sus mentes las que son distintas. No tienen nada que ver con las costumbres y reglas del status quo, el ritmo de vida anodino [2] como el tic-tac de un reloj los deja apáticos y sin inspiración.

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“La matriz nos vende la ilusión de pasar del pasado al futuro cuando realmente no vamos a ninguna parte. El tiempo es uno de los métodos más eficaces de esclavizarnos. La unidad es atemporal y si nos sintonizamos al engaño del paso del tiempo nos desconectamos de la conciencia del Infinito.

¿Cómo puede usted conectarse con alguien que está quieto cuando usted se precipita por delante de ellos en un coche deportivo en su camino de la sala de trabajo al cementerio? Oye, mira, ahí está la Unidad. Ziiiiiiiouuuuuu… mierda, me lo perdí – y a ella.”

DAVID ICKE

Algo que ayuda a entender el tiempo en nuestra existencia es mirándolo en forma de espiral.

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La eternidad está hecha de minutos, de todos los minutos bien vividos. Aprovecha tus minutos. En un minuto te cambia la vida, o mejor dicho, en cada minuto cambias tu vida, porque todas y cada una de tus acciones u omisiones tomadas en cada minuto, causan cambios en tu vida.

La eternidad es realmente el momento presente, el único que verdaderamente existe. Quizás el error más habitual es tratar entender la eternidad, el infinito, como cifras de proporciones inimaginables. Nos han enseñado así, y es como la mente funciona, simplificando para poder comprender, o más precisamente crear, la realidad a su manera, que no es más que reducir y etiquetar. Al filtrar la realidad y hacerla pasar por el embudo mental, inevitablemente una parte queda fuera. Siempre quedan granos de arena pegados en el interior y otra parte cae fuera del recipiente. El ahora es mucho más.

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Cada mañana, pese a seguir nuestra confortable rutina habitual, más pronto o más tarde nos encontramos con un inconveniente, una situación sin importar si es inesperada o no, que nos hace reaccionar. Parece inevitable que la realidad escape de nuestro control, y nada podemos hacer para evitarlo. Siempre igual, aunque siempre diferente. Atrapado en el tiempo, como aquella película donde Bill Murray volvía a vivir el mismo día una y otra vez, el día de marmota. Siempre hay algo que no termina de funcionar como debiera. Los problemas surgen, pero ¿proceden siempre del exterior?

Si pensamos que los demás son reflejos de nosotros mismos, tanto lo que nos gusta y disgusta del mundo, lo es de manera equivalente en nosotros mismos. Desde que nacemos e incluso antes, nuestra mente está creando nuestra propia identidad, a través de la experiencia cotidiana, consciente pero fuertemente inconsciente. Nuestra auto-imagen no deja de ser una idea, contra la cual el mundo en que vivimos choca una y otra vez. Son estas relaciones con nuestro entorno lo que conocemos como realidad. Al fin y al cabo, la propia realidad cabo no deja de ser otra idea más, una abstracción. Realmente se trata de nuestra auto-imagen o ego, un reflejo en el espejo, contra otro reflejo en el espejo. Cuando se sitúan dos videocámaras grabando una frente a otra, al cabo de unos instantes ambas muestran la “nieve” que todos recordamos cuando los televisores no sintonizan ningún canal. ¿Es esta tú realidad? Bienvenido al país de las maravillas.

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“…Si (David) Bohm está en lo cierto en sus conjeturas y el universo es un gigantesco holograma multidimensional, semejante orden holográfico subyacente no puede menos que tener profundas consecuencias para muchas de las nociones de la realidad basadas en el sentido común, por ejemplo, en un universo holográfico el tiempo y el espacio ya no serían considerados fundamentales debido a que el universo sería entendido como poseedor de un nivel más profundo, donde conceptos como el de “localización” pierden su consistencia; el tiempo y el espacio tridimensional, como las imágenes del pez en los receptores de televisión, tendrían que ser vistos como proyecciones de este nivel más profundo. Dicho de otro modo, en el super-holograma del universo el pasado, el presente y el futuro se pliegan estrechamente entre sí y existen en forma simultánea. Esto sugiere que incluso sería posible, alguna vez, rescatar del olvido el pasado más distante a partir de la noción del universo como un super-holograma.

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Es cierto que somos extraordinariamente afortunados por nacer donde hemos nacido, y debemos estar agradecidos por serlo. Según algunas culturas, como determinados indígenas norteamericanos, los nativos hawaianos o “Los Auténticos” aborígenes australianos de Las Voces del Desierto, el best seller de Marlo Morgan (si es que existen o existieron alguna vez), todos estamos unidos y por tanto somos en parte responsables de cualquier cosa que ocurra a otros humanos o cualquier ser vivo. La cuestión es hasta que punto es cierto: ¿Tenemos la culpa de ser privilegiados? ¿Somos responsables por ello? ¿Y del resto, o mejor dicho, de las lamentables condiciones de vida de la mayor parte de la humanidad? En el fondo, este tipo de información, tiene un fin no tan benévolo como aparenta, de alguna forma lo intuido desde siempre. Recuerdo un anuncio de TV emitido unos años atrás, en el que un sujeto perteneciente a una ONG nos culpaba directamente de los males de niños mutilados o enfermos que mostraba a su lado. ¿Que podemos hacer para remediar esta situación que esté en nuestras manos? Realmente muy poco, comparado con las recursos de gobiernos, grandes empresas o multimillonarios de cualquier tipo. Precisamente, de manera habitual son alabados tanto algunos gobiernos y empresas, como de forma muy especial personas de éxito: artistas, empresarios, incluso políticos, creo que no es necesario poner ejemplos de famosos filántropos. Con todo y con eso, siguen siendo los más ricos y poderosos del mundo, tanto como el dinero que podríamos ganar si trabajasemos miles de años con la misma proporción de sueldo y coste de la vida. ¿Entonces, como es posible que los premien a ellos y nos culpabilicen a nosotros?

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Tal vez esos instantes de felicidad que vivimos lo son debido a su brevedad. Cuando te sientes bien es fácil perder la noción del tiempo, pero es igualmente fácil que cualquier hecho haga cambiar nuestro estado. Más pronto o más tarde ocurrirá cualquier cosa que perturbe esa felicidad. Y eso tiene un punto en común: nos situamos de nuevo en la sensación de tiempo creada por la mente. Sabemos que la sensación del paso del tiempo es totalmente subjetiva, aunque es cierto podemos medirlo objetivamente. Lo mismo ocurre con el espacio, es cuantificable pero subjetivo: las distancias y tamaños no siempre las percibimos igual, simplemente recuerda cuando éramos pequeños, cuando nos desplazamos de un lugar conocido a uno nuevo… Objetividad contra subjetividad, razón contra percepción, ciencia contra religión. Nos han enseñado que las leyes de la ciencia son rígidas y nuestra consciencia inestable, que las leyes nos gobiernan en todos los sentidos y determinan la realidad. La ciencia es, pues, la religión mayoritaria, imparable e irrefutable. Y nos lo hemos creído. Hasta ahora.

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